jueves, 16 de abril de 2009

I N T R O

Desde el significado de escultura tradicional, entendido como “arte de modelar, tallar o esculpir en barro, piedra, madera, etc., figuras de bulto.”; podemos vislumbrar que estamos definiendo un concepto que con el pasar de los años ha ido modificando su carácter, pero que a pesar de la evolución que ha tenido la escultura desde los tiempos modernos hasta hoy en día; aun siguen persistiendo algunos preceptos que lo enlazan con esta forma arcaica de entenderla.

Podemos deducir que la escultura aun sigue conservando ciertas características que la hacen propia de ser una obra tridimensional; dicha característica se refiere a que la escultura aun sigue siendo el contenedor de materia física, materia que se encuentra espaciada según lo determine la obra.

Hablaremos conceptualmente de la escultura bajo su definición tradicional de contenedor; que sigue persistiendo; pero abordándola desde un trabajo escultórico contemporáneo; enlazándola con la historia del arte bajo un linaje que comienza con las esculturas blandas de Cloes Oldenburg, siguiendo con la propuesta política europea del Arte Povera generando una estrategia innovadora en la utilización y el estudio de nuevos materiales para la conformación del hecho escultórico y que finaliza en los años setenta con el despertar social del arte de género y su postura reivindicadora del papel de la mujer en la sociedad actual.

“Contener” es la acción que queremos llegar a visualizar dentro de esta propuesta. La historia del arte particularmente el campo de la escultura, a pesar del desplazamiento conceptual que a sufrido aun sigue siendo un contenedor de materia, materia que lleva o encierra dentro de sí otra significación; y que produce analogía al vincularla con el tema de la mujer como contenedor de vida.

Ahora entendiendo a la madre tierra como una metáfora de devoción que gran cantidad de grupos humanos de todo el mundo practica como parte importante de su cosmovisión; fervor que se encuentra involucrado a la razón de existir de dichos pueblos; como lo es el culto a “la dadora de vida”, a “la madre de la existencia”, “a la Pachamama” va estrechamente vinculado a la relación que tiene la tierra con el rol femenino de la fertilidad y la fecundidad.

Esta fecundidad se ve materializada en el cuerpo de la hembra, el que se encuentra diseñado anatómicamente para ejercer la labor de albergar al ser en sus primeros meses de vida. Este centro de albergue posee las cualidades propicias para brindarle al ser todo lo que requiera, es un lugar en donde se encuentra a salvo según las necesidades solicitadas por él, ya que se halla incapacitado para vivir autónomamente.

En la espacie humana, es la mujer la encargada de ejercer este trabajo, son nueve los meses que el ser en gestación requiere de la madre antes de su llegada a este mundo. Y el lugar que lo aloja durante estos nueve meses es el útero, aquí es donde yace el cuerpo del embrión, cobijado del exterior, vive con todas las necesidades y condiciones propias que un ser como él requieren. El útero vendría a ser nuestro primer lugar ha habitar; siendo este un espacio íntimo, seguro e incondicional. Podemos deducir que el cuerpo de la mujer al tener dentro de si al embrión por nueve meses de gestación es un “contenedor” de vida humana, la que se presenta como un acto de cobijo y de protección, al poseer al ser dentro de su cuerpo y brindarle todo lo necesario.

La cercanía de mi investigación con la tierra, con lo femenino y el arte de género se transformaron con el tiempo en un lazo de pertenencia y de identidad como mujer y artista. Este ha sido un camino que me ha llevado a generar un lenguaje plástico propio; conformado por la tela y la costura, trabajando la escultura visualmente desde la literalidad de su concepto de contenedor; espacio que contiene, sujeta y aguanta; entrelazando una cercanía con el espacio del útero materno lugar de cobijo, capullo y refugio.

El arte textil es una técnica que posee un profundo lazo histórico-social con la mujer; es éste el principal argumento por el cual son la tela y la costura los materiales que generan este espacio físico de contenedor; trabajando en forma aleatoria el concepto del útero que variará en una línea cronológica con las distintas etapas que vive el útero al pasar de los años; mostrando metafóricamente su transformación en cada una de las tres acentuaciones etáreas de la mujer a lo largo de su vida. Podemos mencionar a la niña, la mujer y la anciana; como muestra evidente de esta representación visual, el comportamiento de la cavidad del útero como variante a través del paso del tiempo y también como la degradación del concepto de contenedor que ha sufrido la escultura.